“Si tú mueres primero” de Aminta Buenaño

SI TU MUERES PRIMERO”

 

COMENTARIO

 

Abrir las páginas de un libro implica siempre un ritual que genera distintas emociones y expectativas: leer sus dedicatorias y sus epígrafes son el portón de entrada que nos acerca al disfrute del texto. Así empezó mi exploración en “Si tú mueres primero”.

Una novela que despierta los sentidos, las voces de sus personajes nos envuelven desde la primera página, voces que cuentan esta historia de un pueblo sin tiempo y con memoria, en el que sus habitantes tienen el aroma del atardecer húmedo y tropical de su paisaje.

Una novela de conjuros y pócimas mágicas que a través de Selena la bruja, cura el mal de amores y el mal de celos que se entrelazan siniestra y trágicamente con la vida y  la muerte.

Y es precisamente la viuda bañada en  el llanto de la ausencia,  quien hace un juramento frente a la tumba de su marido:  llevar a toda la gente de Ciudad de la Caridad para que conozca el  mar, enigmático y secreto, que cautiva y estremece. Todos sus habitantes giran alrededor de ésta invitación preparándose para el gran día: descifrar la sal en sus pieles que les purifique y les salve del horror del infierno de ese pueblo chico.

La fuerza del erotismo y la sensualidad especialmente en el universo femenino es la que prima en toda la novela: las pasiones, el amor, la rutina que agobia, asfixia a esas marionetas sin edad que reverberan en las noches de encuentros y desencuentros con amantes y fantasmas…

               Tuvo la virtud especial de presentir el sexo mucho antes de que apareciera en su vida: lo sintió en el olor que emanaba de las flores por la mañana, y diluido en el viento de la tarde, en las sábanas amarradas por los sueños de la noche, en el brillo de una mirada o en el aliento casi imperceptible de una despedida. Al sexo se volcaba cuando estaba triste, para aliviar sus pesadumbres y para amainar sus dolores… El sexo era la pócima que bebía cuando los fantasmas la apuraban y creía que se iba a soltar el miedo, el terror que la escocía; cuando no encontraba la fuerza y el control para ser ella misma…” (María Piedad, pags. 99 y 100, capítulo XIX)                                                                                                                                                                                

 

Nombres sugerentes que deambulan por círculos y laberintos de sueños sagrados y profanos: Zoila Felicidad, Norberto, Selena, el Padre Sordi, Dulce María , María Piedad, entre muchos otros que nos muerden desde su refugio sombrío y denso de sus deseos y sus amores…

El amor de Norberto por su hermana con una carta estremecedora que le escribe desde su huida, desde su miedo más profundo:

 

“…. Pero más que nada huí de ti, de tu sabor, de tu presencia, de aquellos pequeños inocentes contactos, que para ti no significaban nada y que para mí valían más que todo el oro del mundo.

Comencé a adorarte desde que mamá te llevaba en el vientre… solo ansiaba mirarte; me quedaba escondido detrás de la puerta, mis ojos oscuros y fijos prendidos de ti, de tu carita de interminables agús juguetones… se tus manitas juguetonas que querían agarrar la luna a través de los tules…” (pag.58)

 

Diálogos con muertos que siguen latiendo en el centro vital de los personajes de la novela.

Todo esto y más, con un manejo de oficio del lenguaje poético de matices y colores que Aminta Buenaño nos deleita y nos invita al disfrute absoluto de “Si tú mueres primero”. Nos hace cómplices lectores de la búsqueda del mar que también nos salvará de la soledad y de las sombras de la muerte.

 

Juana Neira Malo