Los sobrevivientes de Los Andes
Juana Neira Malo
La visita a Punta del Este dio un giro extraordinario cuando asistimos a una charla con los sobrevivientes de los Andes, Roberto Canesa y José Luis Inciarte.
Canesa con su pelo completamente blanco, su sonrisa amplia, su piel sin huellas de la nieve y el sol perpetuos…
José Luis Inciarte, de mas edad, su cabello entrecano, su sonrisa amigable, un poco más pausado en su andar, las huellas de la nieve de los Andes se notaba en cada palabra suya…
El acciedente aviatorio ocurrió el día Viernes 13 de Octubre de 1972, vuelo #571 de la Fuerza Aerea Uruguaya, avión militar con 40 pasajeros y 5 tripulantes, que conducía al equipo de rugby Old Christians, formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris, se estrelló en la cordillera de los Andes de Mendoza, Argentina, llamado el Glaciar de las Lágrimas….
Destino final Santiago de Chile.
La niebla, la bruma y un error de navegación provocaron este trágico momento…
Roberto Canesa compartió su testimonio, con la serenidad que el paso del tiempo otorga, su voz nos estremeció, su historia conmovedora nos dejó ver el paisaje de un blanco siniestro y eterno en el que permanecieron más de 60 días…
El intercambio de ideas y vivencias con José Luis Inciarte, complementaron las emociones telúricas e intensas en su compartir…
Relataron el momento en que se estrellaron, el despertar del inenarrable momento, la luz encandilante del sol, el viento que trizaba sus rostros, el encuentro con los otros sobrevivientes…su angustia, su miedo, el frío siniestro que debilitó su aliento…
Nos contaron de las noches heladas y oscuras, de las avalanchas, los heridos, sus gemidos, su dolor.
De sus reflexiones, de sus dudas, del miedo permanente, de la esperanza de ser encontrados y rescatados…
Hasta que decidieron trazar un plan, una estrategia, se organizaron, delegaron funciones…
La muerte rondaba el espacio, el paisaje, su mirada…
Conmovidos los dos, revelaron sus emociones, frente a la decisión extrema que tuvieron que tomar para vencer a la muerte, sin amarillismo, ni espectáculo alguno, compartieron con sencillez y humildad esos momentos.
Luego, la salida de Roberto Canesa y Fernando Parrado, caminaron buscando una ruta durante 10 días, su relación con la luna, el sol, el agua, su fuerza interna, determinó su lucha hasta llegar a un valle habitado…
El encuentro con personas que les dieron la mano, les compartieron el pan…
Los abrazos, el encuentro, las palabras, los silencios….VOLVER A LA VIDA.
Canesa tenía 19 años, Inciarte 24, jóvene que se convirtieron en sabios: no cambian por nada el disfrute de vivir un crépusculo o un amanecer… no cambian por nada una comida compartida con los seres que aman… no cambian por nada un beso largo e intenso con su pareja… un pedazo de pan caliente, la música de un violín, el disfrute de una noche blanca de luna llena


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